La edición 61 de la Bienal de Venecia abrió sus puertas atravesada por un clima de conflicto, donde el arte parece haber dejado de ocupar el centro de la escena para convertirse en apenas uno de los lenguajes posibles de una disputa política, moral y mediática más amplia. Huelgas, pabellones cerrados, protestas pro palestinas y antirrusas, renuncias masivas, denuncias por discriminación y performances extremas transformaron todo en un thriller internacional. Leer más
